Imaginación y Voluntad

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DISCURSO DE GRADUACIÓN

DR. DENNIS ALICEA RODRÍGUEZ, RECTOR

TRIGÉSIMO SÉPTIMA CLASE GRADUANDA

CENTRO DE CONVENCIONES DE PUERTO RICO

JUNIO 2009

 

Imaginación y Voluntad

 

“La imaginación es una de las grandes prerrogativas del ser humano.  Es una facultad que une nuestras imágenes e ideas… y así crea brillantes y noveles resultados.”

Charles Darwin

Queridos estudiantes:

“Cuando un jarrón se rompe”, escribió el laureado Derek Walcott, “el amor que vuelve a juntar los fragmentos (rotos) es más fuerte que aquél otro que no valoraba conscientemente su simetría intacta”.  Amamos más intensamente las cosas cuando se rompen, o cuando no están, o cuando las añoramos porque ya son parte del pasado.  Graduarse es un gran triunfo que nos llena de alegría a todos, y así debe ser; pero, cuidado, no se pueden borrar con la graduación las variadas experiencias de crecimiento, ni los bellos recuerdos acumulados.  Prolonguemos nuestros recuerdos.  Tantos momentos significativos que sus memorias pueden invocar y que son huellas de su formación universitaria.  Podrán ser momentos alegres, podrán ser momentos tristes, podrán ser desesperantes algunos… pero todos son parte de esos mismos fragmentos que, como el jarrón, cuando juntamos sus pedazos, rescatan experiencias valiosas e inolvidables.

Se nos escapa con frecuencia lo más íntimo, cercano y simple, es decir, lo fundamental, en esa búsqueda desenfrenada que, a veces, iniciamos por metas más remotas y vistosas.  Pasamos como distraídos, a través del flujo de nuestras experiencias, perdiendo, tantas veces, su riqueza estética y su significado vital.  Escasamente nos detenemos a rememorar e interrogarnos: ¿Cuánto ganamos al dedicar un trozo de nuestras vidas a educarnos? ¿Qué significa educarnos? ¿Cuál es el beneficio del esfuerzo?

La educación es un modo de vivir.  Es una experiencia para formar el carácter y cultivar la sensibilidad.  Provee el acervo de conocimientos y las formas con las que la humanidad adelanta su proyecto de progreso.  Estimula, usualmente, una conciencia crítica, que no se conforma con la percepción trillada o la interpretación acabada.  Acusa y señala a la cultura mediática cuando produce o reproduce interpretaciones cargadas.  Sospecha de la historia oficial y las verdades adornadas, e ironiza sutilmente sobre los mensajes acartonados.  Cultivar los matices es propio de la educación, así como el juicio informado y crítico es su virtud.  Todas son aptitudes y destrezas propias de una persona educada,  que seguramente, sin darse cuenta, han ido adquiriendo poco a poco.  Un modo de vida que continuará, y que deben procurar enriquecer, porque ya es parte de su equipaje.

Signo inequívoco de la calidad de la educación es la presencia de la imaginación y la voluntad.  La imaginación es esa facultad enigmática que cultivamos y nos permite crear escenarios alternos; pensar con la cabeza de uno y no con la de otros; percibir las cosas integradamante; en fin, como decía Sartre, “ver las cosas como no son”, de manera distinta y con significados renovados.  Nos acostumbramos a percibir de cierto modo y hacer las cosas de cierta manera, repetitiva y mecánicamente, es decir, sin libertad.  Y la imaginación es esencialmente libre.  Esa es su naturaleza.  No es exclusiva de poetas, escritores o artistas.  Es una facultad muy humana que se fortalece, precisamente, con la buena educación.  Pero la facultad imaginativa necesita arrojo y voluntad de cambio.  Es la voluntad una facultad radicalmente humana, si bien la echamos de menos tantas veces, para producir renovados efectos y resultados.  Es una determinación interna de nuestra mente y nuestro cuerpo, de nuestras creencias y deseos, para iniciar la acción y transformar el mundo y sus cosas.

La imaginación humana se estimula cuando nos exponemos a experiencias ricas y diversas que nos permiten mirar lo que otros no miran.

  • Leer, leer mucho y de variados géneros, es un estimulante natural para la imaginación: literatura, ciencia, arte.  Salir de nuestras disciplinas nos provee novedosos puntos de contacto, continuidades insospechadas, relaciones posibles que eran invisibles.
  • Debemos asistir a encuentros donde se cultive la imaginación: teatros, museos, conferencias retantes.  La cultura plasma sus imaginarios en estos planos, símbolos de su genio y riqueza.
  • Debemos reflexionar cómo hacer las cosas de manera distinta: digamos, lo que hacemos en nuestra vida cotidiana, infectada por los hábitos y la repetición robótica.
  • Debemos reflexionar sobre lo que otros hacen con imaginación y examinar cuál fue su proceso, cómo llegaron ahí.  Son estos los modelos a emular.
  • Debemos investigar, plantearnos problemas retantes e imaginar sus soluciones.  La búsqueda misma y el proceso de descubrir nuevos ángulos, atreverse a pensar y llenar un vacío de conocimiento, es un estímulo singular para la imaginación.

La voluntad, por otro lado, se activa cuando conscientemente salimos de la zona de complacencia y el mal hábito que acepta, acríticamente,  “las cosas tal cual son”.  La voluntad es una facultad afectiva que supone creer y desear que algo ocurra. No hay sustituto para la voluntad de querer hacer las cosas.  Pero, si estamos convencidos de nuestras creencias y de lo que deseamos, o debemos desear, entonces la disposición para responder a estos reclamos de acción dependen de nuestra energía y nuestros hábitos.  El cuerpo se moviliza cuando nos hemos acostumbrado a movilizarlo, cuando nos habituamos y tenemos la fuerza física para hacerlo. Por ello, cuidar nuestro cuerpo es tan decisivo como cuidar nuestra mente.

Puerto Rico vive momentos muy duros que reclaman nuestra imaginación y voluntad.  Demasiados factores externos, que no controlamos, nos afectan dramáticamente: la guerra, las pandemias, el desmoronamiento del sistema financiero, y un largo etcétera.  Demasiados factores internos que sí controlamos y que los tratamos como si no los controlaramos, como si fueran una “segunda naturaleza” incambiable, como si no fueran productos de los habitantes de este país.  El mayor reto que hoy tenemos como pueblo es enfrentar la adversidad con luz imaginativa y voluntad férrea, conscientes de que sí podemos pensar y determinar nuestro porvenir.  Son ustedes una nueva generación de graduandos, diplomados miembros de una clase creativa, que tienen la enorme oportunidad de dejar atrás esa pobre visión bifocal puertorriqueña de la realidad.  De un tiempo a esta parte, se ha generalizado la percepción de que estamos enfrascados en una lucha, cuerpo a cuerpo,  para destruir las formas y estilos civilizados de convivencia.  El debate público es aterradoramente elocuente: aniquilar, atropellar, vulgarizar.  La cruzada desenfrenada de dañar al otro; el estilo agresivo e irrespetuoso se ha convertido en el modo social de vida.  Se reiteran falsedades y se afirma sin evidencia, pretendiendo transfigurar, manipulativamente, la verdadera realidad mediante la mera reiteración de lo falso.

La educación es la antítesis de esa conducta atropellante que se apodera de diversos sectores de nuestra isla.  Los universitarios verdaderos tenemos que ser implacablemente intolerantes ante la incivilidad.  No puede haber concesiones. Reconocer que hay conductas que están bien y hay conductas que están mal.  Hay interpretaciones que son correctas y otras que no lo son.  Y que las personas racionales y razonables pueden concordar en los criterios que permiten adjudicar cuáles son unas y cuáles son otras.  Es preciso ponerle un detente a los debates sin límites y sin reglas.  Volver a ser guardianes y testigos de la ciudad.

Son ustedes, estudiantes graduandos, como miembros de la clase creativa, los que tienen la indelegable responsabilidad de ir al frente, y redefinir con imaginación y voluntad el futuro puertorriqueño.  Los líderes se reconocen porque van al frente y tienen siempre la salida imaginada que su facultad les da.  Que no nos digan que faltan empleos, si tenemos la imaginación para inventar nuestros propios escenarios de trabajo.  Que no nos digan que el país está en quiebra, si el único que está en quiebra es el gobierno.  Que no nos contagien con la pandemia de la desesperanza, cuando hay tanto talento productivo que nos permite tener esperanza.

Nuestro país es el jarrón que se rompió y estamos juntando los fragmentos.  Pienso que son ustedes los llamados a estremecerlo, y decirle, como Neruda en su poema: “que así no vamos a ninguna parte, que suceder así no tiene gloria”. Somos parte de un pueblo que ha hecho muchas cosas por las cuales  enorgullecerse, aunque haya dejado de hacer tantas otras.  Sin falsos triunfalismo, es preciso afirmar con convicción que seguimos teniendo un gran país: mucha gente talentosa, trabajadora y eficiente; un país con una respetable infraestructura, aunque absurdamente mal mantenida; un país muy amable y alegre con una belleza tropical y colorida verdaderamente incomparable.  Es preciso decirle al país que la crisis de los gobiernos no significa el fracaso de nuestra gente.  Significa sólo el fracaso de los gobiernos.  Decirle, queridos estudiantes, que hoy nos levantamos para graduarnos y mañana nos levantaremos para dejar atrás el fantasma de los derrotados, y construir con disciplina e imaginación la nueva luz de nuestro porvenir.

 

Muchas gracias y muchas felicidades.

Correo electrónico: dalicear@suagm.edu