Reflexiones sobre los principios

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Arcadio Díaz Quiñones visto desde adentro…

Sobre los principios. Los intelectuales caribeños y la tradición. Arcadio Díaz Quiñones. Buenos Aires, Universidad de Quilmes, 2006, 526 pp.

Si, como decía Borges, “cada escritor crea sus precursores”, entonces el libro recientemente publicado de Arcadio Díaz Quiñones ‘Sobre los principios: los intelectuales caribeños y la tradición’ es un testimonio sutil, casi autobiográfico de la trayectoria intelectual del maestro.

¿Cómo leer este libro?  La sintomática pregunta althusseriana genera varias respuestas tentativas.  Primero, se puede leer como una formidable articulación de los enlaces de la intelectualidad caribeña, que explora figuras paradigmáticas y fundacionales del Caribe hispánico: Pedro Henríquez Ureña, José Martí, Fernando Ortiz, Ramiro Guerra y Sánchez, Antonio S. Pedreira y Tomás Blanco.  Son los “grandes hombres” de los que hablaba Hegel en su filosofía de la historia: “los que se proponen fines particulares que contienen lo sustancial…” y que representan emblemáticamente el “espíritu de sus pueblos”.  Todos encargann una magna tradición de intelectuales caribeños, sus proyectos nacionales, contradicciones y, en ocasiones, ambiguas relaciones con las metrópolis.  Sería esta una primera lecturaque apunta a atrazar el rol fundamental de estos grandes intelectuales; letrados que forjaron el concepto mismo de la nacionalidad caribeña y sus batallas culturales, literarias y, a fortiori, políticas.

Una segunda forma de leer ‘Sobre los principios’ sería, a mi modo de ver, focalizar no en “lo que se dice” de estas grandes figuras, sino en “lo que hace el autor” Díaz Quiñones y el modo en que monta su relato.  ¿Cómo estructura su análisis crítico, cuáles son sus supuestos metodológicos y epistemológicos para escrudinnar esa rica tradición de intelectuales públicos?  Se trata de una inmensa exploración y contextualización histórica, en las que la reconstrucción intelectual combina la interpenetración de lo literario y lo histórico; en las que el ensayo crítico-literario y el trasfondo cultural, político y social se plasman en una totalidad orgánica.

La contextualización de Díaz Quiñones muestra diversos planes o niveles que se entrecruzan.  Desde las tradiciones más inmediatas que fijan el canon literario y que, hegelianamente, se conservan y superan a la vez, hasta los amplios movimientos culturales nacionales que enmarcan la producción intelectual de estos escritores.  Desde el rol del arte, la religión, las batallas culturales y políticas, hasta las luchas imperiales y coloniales contra las metrópolis.  Es un verdadero principio de integración epistemológica que Díaz Quiñones aplica con rigor, en el que conocer y cómo conocer supone un ingente y denodado esfuerzo por proveer un auténtico “gran relato”, de cara a otros modelos deintegradores y empobrecidos.

Esta segunda lectura que provoca ‘Sobre los principios’ apunta, pues, al estilo de composición analítico sobre la literatura y la cultura que Arcadio Díaz Quiñones ha ejemplarizado como pocos y que esta obra manifiesta en todo su esplendor.  Es la herencia modernista, según sus versiones más críticas, en la que el autor fue definitivamente formado: amplia cultura historiográfica; búsqueda sistemática de las continuidades; matizaciones sutiles ante propuestas excluyentes; conciencia de que sórdidas luchas políticas y sociales típicamente subyacen las bellas formas literarias, más asépticas; profusión de notas, referencias y enciclopedismo académico.  Todas son formas de aproximación gnoseológicas que el autor exhibe, y que indican cómo acercarse a la “ciudad letrada” y sus conflictos.

Una tercera lectura que me parece cada vez más prominente como pauta hermenéutica en los trabajos de Díaz Quiñones es lo que él llamaría “su modo de leer”, notablemente influido por la atmósfera académica norteamericana, especialmente en clave de estudios culturales y algunos aportes de la crítica posmoderna.  La influencia de los esquemas interpretativos de Edward Said y Raymond Williams son detectables a través de todo el texto: desde el mismotítiulo Sobre los principios o ‘beginnings’ (Said); la idea de pertenencia (‘belonging – Said) a una tradición (Williams); las “conexiones” para afrontar la exclusión y marginalidad (Said) y esarelación pluridimensional entre sabiduría y poder político son sólo algunas de las ideas claves a lo largo de toda la densa obra.

Ángel Rama y su Ciudad letratada figura también explícitamente como punto de referencia, especialmente la conexión crucial entre cultura y política.  Pero más importante que “el mapa” de la ciudad letrada, me parece que subyace en las posturas de Díaz Quiñones una profunda identificación con la expriencia existencial de Rama: un intelectual público de izquierda exiliado y curtido en la academia norteamericana que interviene, periódicamente, con juicio crítico e independiente, en las controversias culturales fundamentales.  Ese rol crucial de interventor con mente fresca y otros referentes, menos imbuido en las disputas estériles de la localidad, lo cumplió en el pasado ejemplarmente el maestro José Luis González y Arcadio Díaz Quiñones megistralmente lo asume.

Finalmente, me parece que ciertos signos de la cultura literaria posmoderna parecen haber calado hondo en algunas de las formas de leer del maestro Díaz Quiñones.  Ese reconocimiento al discurso tentativo, muy consciente de las múltiples zonas oscuras, ambiguas y no adjudicadas, son rasgos que, en alguna medida, pugnan en el discurso racional del autor, rico en determinaciones y cualificaciones.  Esas muestras de reticencias, y cierto énfasis en la indeterminación de las interpretaciones, o validez relativa de interpretaciones contrapuestas, son rasgos fuertes y frecuentes en la obra, antídotos, sin duda, contra concepciones dogmáticas, unidimensionales o prefabricadas.  Sin embargo, y a pesar de estas justas matizaciones, resulta interesante incluso paradójico, que estos signos relativos de indeterminación estén insertados, precisamente, en un monumental andamiaje teórico que, a su vez, está enclavado en las tradiciones más venerables de la ilustración moderna.

El autor es rector de la Universidad del Turabo y presidente de la Junta de Directores del ICP.

Originalmente publicado en la sección de Letras del periódico El Nuevo Día.  Para ver el documento original, haga clic aquí.

Correo electrónico: dalicear@suagm.edu